Colombia Verde

Te presentamos otra entrega de nuestro especial de arquitectura verde. En este caso te hablaremos de Colombia.

No hay cánones ni nombre definido, lo importante es que hay ya una conciencia creada, a nivel mundial, que tocó de lleno nuestra profesión y aunque hay países que llevan muchos más años que nosotros con estos desarrollos, debemos mirar nuestras raíces y retomar de ellas muchos elementos que hoy por hoy serían los mismos cánones de la moderna arquitectura verde.  

Este es el tema que quisiera profundizar, porque nuestros indígenas, nuestros pioneros colonizadores antioqueños, nuestros campesinos, construyeron y siguen construyendo, bohíos, monumentos, casas, haciendas y beneficiaderos de café con todos los lineamientos que marcan esta tendencia mundial.  ¿Por qué dejamos esto a un lado?

Nuestras comunidades indígenas han tenido una sabia utilización y un aprovechamiento máximo de los recursos dentro de una gran austeridad formal. Sus materiales y técnicas han sido propios de la región donde habitan, adaptándose al medio ambiente, la geografía y el clima. Han construido sobre el agua y en la selva, han utilizado madera, palmas, caña, bambú, mangle y las distintas aplicaciones de la arquitectura de tierra, principalmente el adobe, la tapia y el bahareque.  

La ubicación entre el saliente y el poniente, el norte y el sur, cerca del agua pero protegidos de ella, cubiertos al máximo de las inclemencias del clima tropical, han marcado la ubicación de todos los asentamientos indígenas de nuestra región.  ¿Qué diferencia encontramos entonces con los cánones de la arquitectura verde? ¿Qué diferencia hay entre esto y las normas fundamentales de la bioclimática?

Ahora hago referencia a todo aquello que descubrimos, mis compañeros y yo,  cuando realizamos la tesis de grado sobre la arquitectura de las haciendas cafeteras y ganaderas del suroeste antioqueño.  Recorrimos pueblos y haciendas suspendidos en nuestra agreste topografía, hicimos los levantamientos completos, identificamos varias tipologías y entendimos su claro y simple respeto por la naturaleza y el medio ambiente.

Encontramos una perfecta ubicación de las viviendas, según el clima, al naciente o al poniente, si era tierra caliente o si era tierra fría.  Grandes aleros que generaban sombras, tapias que protegían de las crecientes de los ríos y esos maravillosos patios centrales, duros o generalmente verdes, exuberantes y frescos que le daban a la vivienda un micro clima ideal y apacible. 


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Hacienda Canan, Tarso

 

Viviendas austeras pero llenas de confort y color, construidas en el caluroso valle del río Cauca, las cuales fueron construidas generalmente bajo grandes arboledas que les proporcionaban un techo verde natural. Dos niveles la caracterizaban, cada uno con una función específica, actividades comunes en primer nivel y mayor privacidad en el segundo, con amplios corredores que enfatizaban las visuales.

Descubrimos también que el café se secaba en grandes beneficiaderos construidos con arcillas y madera de la región.  Allí nada era eléctrico, solo ventilación cruzada.  También encontramos las casas Helda, una tipología propia de los minifundios cafeteros, donde la casa tiene dos funciones, una donde el café se almacena en un zarzo o segundo piso de baja altura y con el calor generado por los techos, obtenía su secado.  Debajo en primer piso, la casa, fresca y resguardada por esta cámara de aire que secaba el café.  Fachadas austeras y llenas de  verde, enredaderas florecidas, corredores circundantes, puertas y ventanas en madera de la región, relación directa entre la naturaleza y el interior.

Haciendas cafeteras y ganaderas ejemplos palpables de nuestra propia arquitectura, construidas a comienzos del  siglo pasado con un estricto rigor sostenible y por ende claros ejemplos de arquitectura verde.  Debemos preservar estas edificaciones y aprender mucho de esta arquitectura sin arquitectos caracterizada por un gran respeto a la naturaleza y su perfecta adaptación al clima y paisaje de la región.

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Hacienda La Margarita, Salgar

Como en la mayoría de los países del mundo, hoy por hoy esta tendencia verde toma fuerza en Colombia y podemos contar ya con edificios con certificación LEED,  como la sede de la farmacéutica Novartis, en Bogotá y el hospital San Vicente de Paul en Rionegro; el cual se convierte en el primer hospital VERDE de Colombia y el primero en Latinoamérica en aplicar a la certificación LEED.

Este notable crecimiento, posiciona al país como el cuarto en materia de construcción sostenible en América Latina,  luego de Brasil, México y Chile.

Etiquetas: Marta Roldán

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