Entregas en el proyecto Colors

“Y se llegó el día. ¡¿No Dianita?!”.

Éstas fueron las palabras de los hermanos Niño, los propietarios más celebres de Colors. Hoy empiezo mi artículo con esta historia, para mí una de las más conmovedoras de todas las entregas.

Días previos a las entregas hicimos las llamadas respectivas para citar a cada uno de los propietarios de Colors, el proyecto con el que inicié mi escuela en Óptima. Al escuchar mi voz, los Niño no lo podían creer, por fin les entregaríamos su apartamento después de luchar contra viento y marea; un sueño se hacía realidad. Llegaron muy cumplidos en la mañana desde la ciudad de Bogotá, me saludaron muy emotivamente y me decían “¡Dianita, no lo podemos creer!”, emocionados observando la ciudad desde el balcón de su apartamento.

Y es que esta historia está llena de todo como en las novelas: tristezas, alegrías, obstáculos…

Fueron muchos los comités de cartera en los que se pensó desistir la compra, moras de más de seis meses, pagos infinitamente atrasados, llamadas que nunca respondían, pero un día de la nada aparecían y se ponían al día con los pagos, llamaban dando señales de vida y más juiciosos que nunca. Esto nos conmovía y decidíamos seguir pedaleando ese negocio, imagínense ustedes el resto. Pareciera que el universo se confabulara a su favor porque parecían con protección divina, algo pasaba antes de que se tomara la decisión de desistir ese inmueble. En fin, pasando por todo eso finalmente, como ellos dijeron, se llegó el día.

Los hermanos Niño protagonistas de esta historia, son dos jóvenes nacidos en Bogotá que se dedican a comercializar repuestos para carros. Son de un empuje increíble, pues apenas tienen 25 años y el manejo de un gran negocio en sus manos. Vinieron un día de paso a Medellín a una Feria de Flores, salieron a recorrer la ciudad y llegaron a Colors casi para el cierre de la sala de ventas a las 6:00 p.m. a ver el proyecto. Fue una visita que duró dos horas y cuando se fueron totalmente convencidos de que ese era el lugar indicado dijeron “Listo, mañana venimos a firmar el negocio”, y desde ese día comenzó su aventura como inversionistas en esta ciudad.

Ellos invirtieron casi a ciegas, no conocían ni la ciudad, ni el sector, ni la constructora, nada; solo se arriesgaron y fueron de los tantos propietarios que dijeron en las entregas que habíamos superado sus expectativas. Para ellos todo estaba hermoso, se sentían felices de haber luchado hasta el final por obtener su apartamento, y para concluir la historia, pongo un ejemplo: ellos eran como los alumnos más indisciplinados del salón de clases, pero al final se graduaron con honores; otros propietarios más cumplidos con los pagos y de conducta intachable desistieron de su compra o simplemente se fueron quedando en el camino por múltiples razones.

Las entregas de por sí fueron muy emotivas, para algunos significaba un sueño, otros una inversión, dinero, pero más que todo eso nosotros entregábamos hogares. La felicidad que

irradiaban es difícil de describir pero tan llena de vida. Así como los Niño fueron muchas historias con diferente trama, y todas ellas están llenan de amor, esfuerzo, dedicación y compromiso.

Cuando se trabaja con el alma, la satisfacción siempre llega de muchas maneras.

 

 

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