¿Cómo era la vida y la vivienda en la zona de El Tablazo, Rionegro?

Adentrándonos en el pasado de una de las zonas de más tradición y cultura antioqueña.

Este artículo busca resaltar la evolución de la zona de El Tablazo, tanto en el uso de su suelo como en la tipología de sus viviendas. Mencionando algunos aspectos de la cotidianidad que se vivía en este sector, recordaremos parte de la identidad que trae consigo uno de los sectores con mayor desarrollo inmobiliario y en donde Óptima desarrollará proyectos futuros.

Indagando en el pasado del sector El Tablazo, hemos encontrado que se trata de una vereda adscrita al municipio de Rionegro caracterizada desde sus inicios por conformarse por pocas propiedades de gran extensión de tierra trabajada por campesinos. Sus propietarios eran pocos, entre ellos Ramírez Johns, Rafael Londoño, Ignacio Elejalde, German Echeverri, Gabriel Ángel y Mariano Echeverri.

La zona era de alta producción lechera y los cultivos de agricultura eran más bien pocos, dedicados únicamente a abastecer el consumo familiar. El transporte de la leche era a través de las conocidas “escaleras” y las personas se transportaban por “Los Mellizos Arenas”, un par de hermanos que tenían dos carros Ford color azul y acercaban a los habitantes desde El Tablazo hasta Rionegro.

La religión ha sido por tradición católica y tenía sede en la propia vereda EL Tablazo en la Iglesia con el mismo nombre, donde la misa la impartía el Padre Gallo, proveniente de la Universidad Pontificia Bolivariana los domingos a las 10:00 AM. La iglesia y el despacho parroquial eran cuidados por las hermanas Uribes, a quienes llamaban cariñosamente Uribitas. Adicionalmente para ese entonces existía una escuela de primaria únicamente donde estudiaban separados hombres de mujeres.

La vivienda típica de la zona es la casa típica de clima frio, hecha en tapia y en forma de L, al frente con dos habitaciones y un zaguán, y atrás con un baño, la cocina y el solar. La vocación de estas viviendas era la producción de leche, mencionada anteriormente, la cual se destacaba por su calidad y tradición. Las viviendas campesinas eran abundantes y las fincas de recreo eran muy pocas. Entre ellas se recuerda la finca Paimadó que tenía iglesia privada y la Finca Pozo Rubio de Jaime Tobón Villegas, personajes del sector empresarial antioqueño. Conocedores y habitantes de la zona en los años 60, afirman que para ese entonces la temperatura era entre 5 y 8ºC, tan fuerte que traía efectos para los cultivos, las personas y el ganado.

En cuanto a la conectividad vial del municipio de Rionegro, para ese entonces solo existía la carretera conocida como la Santa Elena, conexión entre los valles de San Nicolás y el de Aburra, que como dato curioso fue construida en los años 20 y 30 por presos de la cárcel de Medellín (con pico y pala, nada de maquinaria). Luego, para ingresar a la vereda el tablazo vehicularmente estaba el “carreteable” que partía del cruce de la carretera Santa Elena con el Estadero Las Delicias; o peatonalmente por Sajonia, otra vereda que conducía hasta allí.

Fue justamente la evolución del transporte, con la llegada del aeropuerto al municipio de Rionegro en los años 70, el acontecimiento que no solo interrumpió el antiguo acceso a El Tablazo, sino que permitió que la dinámica económica, inmobiliaria y cotidiana de la zona, tuviera un giro hacia el desarrollo y el progreso: la tradición lechera comenzó a trasladarse y consolidarse en otros municipios del oriente antioqueno, los predios comenzaron a fragmentarse y la tierra que antes perteneció unos pocos personajes empezó a ser adquirida por múltiples personas interesadas en esta zona en auge.

De esta manera, el uso del suelo se diversificó atrayendo servicios comerciales, residenciales, educativos y de recreación, creando así una centralidad que alberga todos los requerimientos que abastecen a una población mayor. La vivienda se consolida cada vez más en este sector, incluyendo nuevas tipologías como los edificios de baja altura, la vivienda temporal como los hoteles (gran inversión en el sector) y las diversas fincas de recreo. En general, una vivienda de calidad, apetecida y valorada por los habitantes y turistas gracias a su ubicación y consolidación urbana.

Etiquetas: Manuela Castillo

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