El confort en el hogar, un concepto en evolución - parte II

Acá te traemos la segunda y última parte de nuestra entrega de la evolución del concepto de confort en el hogar.

En nuestra publicación pasada hicimos un recuento de cómo eran los hogares y sus objetos en la Edad Media. En esta entrega te contaremos cómo se manejaban otros objetos en los hogares y resaltaremos  las caracterísitcas de la vida social medieval.

Cuando había camas estas se desarmaban en el día y se arrinconaban, además todos los muebles se movían y se cambiaban constantemente de posición dependiendo de la actividad que se estuviera desarrollando. Cuando se usaban, la distribución en el espacio era al azar, los espacios eran casi vacíos y las viviendas tenían pocos muebles, tal vez porque la gente permanecía muy poco tiempo dentro de sus casas, básicamente pernoctaba en ellas.

Era común en la nobleza, cuando se movían de una residencia a otra, llevar los muebles y todas sus pertenencias consigo. Por eso la designación de mueble a todos estos objetos: eran “movibles”.

Lo anterior no significa que la vida fuera primitiva y carente de placer. Simplemente para los habitantes del Medioevo no existía el confort como una idea objetivo. Esta era una sociedad con unas clases sociales muy marcadas, llena de reglas y rituales, restricciones, horarios que respetar y convenciones sociales muy arraigadas.

El código para sentarse en la mesa en una comida medieval era complejo. Lo importante era estar sentado al lado de la persona correcta y en el lado de la mesa que se correspondía con la dignidad del comensal. Si el asiento era cómodo o no, no estaba en la cabeza de nadie.

Había también códigos estrictos para vestirse de acuerdo con la posición social, horarios estrictos para la apertura y cierre de los comercios, para la venta de licores, pan, pescado y otros alimentos y abastos.

El énfasis que el mundo medieval ponía en lo ceremonial era el reflejo de que lo que importaba era el mundo exterior y el lugar que cada persona tenía en él. La vida era un asunto público y como no existía conciencia de la propia individualidad. Las personas no tenían un espacio propio, eran piezas de un engranaje social completamente regulado. En este contexto no se trataba de que el confort como una indulgencia con uno mismo fuera desconocido, simplemente no se necesitaba.

Las palabras autoconfianza, autoestima, melancolía, sentimental y romántico aparecieron en occidente en sus modernas acepciones dos o tres siglos más tarde. Estas nuevas palabras surgieron para expresar algo nuevo en la conciencia humana: la aparición del mundo interno del individuo, de la percepción de su propio ser y del concepto de familia. En este contexto se fue sofisticando durante los siguientes siglos el concepto del confort.

Bibliografía
Bibliografía: Rybczynski, W. (1987). Home: a short history of an idea. Penguin Books. New York. USA.

Etiquetas: Participaciones especiales

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